Los resultados de las últimas elecciones de Venezuela no es que me hayan sorprendido. Que el chavismo tenia continuidad sin la presencia física de Chávez ya lo sabía aunque, viendo los datos, pongo en duda que sobreviva más allá de 2019 (fecha en la que acaba la legislatura que hoy empieza). Los resultados han sido mucho más ajustados que los comicios de octubre: Nicolás Maduro ha ganado las elecciones con el 50,66% de los
votos frente al líder opositor, Henrique Capriles que obtiene el 49,07%. Aunque en la práctica la victoria es para el oficialismo, los resultados reflejan un rechazo al nuevo líder y, por lo tanto, una sociedad mucho más polarizada que antes. El actual presidente nada tiene que ver con su antecesor, sin embargo, todo su discurso lo ha dominado Chávez y su ya famosa presencia en forma de pajarito. La pregunta que me surge ahora es, ¿Será capaz Maduro de llevar las riendas del país él solito sin la sombra constante de Chávez y de mantener las relaciones con Cuba? ¿Qué pasará cuando el comandante bolivariano deje de ocupar el primer plano de la política, será capaz Maduro de proponer cosas sin acudir a su antecesor o será Chávez quien siga decidiendo desde el más allá cómo gobernar el país? y lo que más me preocupa ¿seguirá la gente creyendo que eso es verdad?
En cuanto al papel de la oposición, Capriles ya se ha adelantado a exigir un nuevo recuento de cada una de las papeletas y a no reconocer la victoria de su contrincante. Sin duda, es la única baza que le falta por jugar ya que, dudo mucho, que la oposición le vuelva a dar su confianza para las próximas elecciones.
Las demás incertidumbres sobre el futuro de Venezuela ya las traté anteriormente en Un cara a cara entre Venezuela y el futuro. Ahora os dejo un artículo de Pablo Pardo del periódico El Mundo: Ruina Bolivariana que refleja el difícil equilibrio entre el país de y su preciado petróleo:
Antes de que llegara al poder Hugo Chávez, Venezuela producía unos 3,3 millones de barriles de petróleo diarios y el precio del barril rondaba los 10 dólares. Ahora, bombea alrededor de 2,2 millones, pero el petróleo venezolano se vende a uinos 105 dólares el barril.
De modo y manera que Chávez no ha roto la relación entre ingresos por la exportación de petróleo y crecimiento de Venezuela. De esos 2,2 millones de barriles, unos 450.000 se van a China, en un sistema de trueque de petróleo por inversiones.
En torno a 100.000, a los países del Caribe, dentro del sistema conocido como PetroCaribe, que el realidad supone regalar crudo
venezolano a 18 Estados de la región (los términos son muy favorables,
pero Caracas suele ser incluso más generosa de lo firmado en los
acuerdos).
Unos 70.000 barriles más podrían ir a Cuba, que a su vez puede que solo consuma la mitad de esa cantidad. Así, La Habana exporta el resto a precios de mercado. Socialismo selectivo, digamos.
Alrededor de 900.000 barriles se consumen dentro de Venezuela, donde el precio del litro de gasolina está a 0,015 euros, según el tipo de cambio oficial del bolívar, y a 0,0026 euros
de acuerdo al tipo de cambio del mercado negro. Mantener esos precios
tan bajos (prácticamente gratis) le cuesta al Estado venezolano
alrededor de 8.000 millones de dólares anuales (unos 6.000 millones de euros).
Si se suman otros acuerdos de entrega de petróleo (por ejemplo, a Argentina), a Venezuela le quedan solo 900.000 barriles para exportar al mercado internacional, donde le pagan sus 105-106 dólares por barril.
Durante el mandato de Chávez, Venezuela ha pasado a ser el país con mayores reservas de petróleo del mundo,
debido a la revolución en la extracción del 'petróleo no convencional'
en Estados Unidos y Canadá. . Para Lepoldo Martínez, del Centro para la Democracia y el Desarrollo de las Américas, la gestión del petróleo es "una verdadera pérdida de soberanía de Venezuela".
Martínez está en lo cierto. Encima, en torno a 900.000 barriles de petróleo venezolano se van al enemigo: Estados Unidos. Allí, son refinados y parte de ellos se reeexportan a... Venezuela. Otra parte, se consume en EEUU. El Estado venezolano es dueño de la petrolera estadounidense Citgo, que tiene 5 refinerías en ese país, y participa en el capital de otras 6. Es significativo que Venezuela, tras siete décadas, aún no sea capaz de refinar todo su petróleo, que es ácido, o sea, tiene mucho azufre, igual que el que EEUU extrae en su sección del Golfo de México.
Para explotar su crudo no convencional, que se encuentra en la cuenca del Orinoco, PDVSA, la petrolera estatal venezolana, necesitaría duplicar su actual inversión anual de 12.500 millones de dólares (unos 9.500 millones de euros). El problema es que Venezuela no tiene esos 9.500 millones. Su déficit público ronda el 12% del PIB, o sea, casi el doble que España, y el crecimiento de su PIB este año será del 1%, según Martínez.
Hay más problemas. La inflación real ronda el 30%. Pero la apreciación del bolívar por la entrada masiva de divisas (la enfermedad holandesa) debida a las exportaciones de petróleo ha pulverizado la competitividad venezolana.
El resultado es que el país tiene que importar todo. Ahí es donde se va un a parte de los ingresos del petróleo. La otra se va en programas de ayudas sociales que han conseguido formidables resultados en materia de mortalidad infantil y otros indicadores de salud y bienestar. Aún así, Venezuela tiene problemas de desabastecimiento crecientes.
Todo esto se resume en una frase: el experimento económico bolivariano ha llegado a su final de trayecto. Gane quien gane las elecciones, a Venezuela le espera un futuro muy duro. Las conquistas sociales de Hugo Chávez están asentadas sobre un modelo económico que no da más de sí.
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