lunes, 15 de abril de 2013

La ajustada victoria de Nicolás Maduro en las elecciones de Venezuela

Los resultados de las últimas elecciones de Venezuela no es que me hayan sorprendido. Que el chavismo tenia continuidad sin la presencia física de Chávez ya lo sabía aunque, viendo los datos, pongo en duda que sobreviva más allá de 2019 (fecha en la que acaba la legislatura que hoy empieza). Los resultados han sido mucho más ajustados que los comicios de octubre: Nicolás Maduro ha ganado las elecciones con el 50,66% de los votos frente al líder opositor, Henrique Capriles que obtiene el 49,07%. Aunque en la práctica la victoria es para el oficialismo, los resultados reflejan un rechazo al nuevo líder y, por lo tanto, una sociedad mucho más polarizada que antes. El actual presidente nada tiene que ver con su antecesor, sin embargo, todo su discurso lo ha dominado Chávez y su ya famosa presencia en forma de pajarito. La pregunta que me surge ahora es, ¿Será capaz Maduro de llevar las riendas del país él solito sin la sombra constante de Chávez y de mantener las relaciones con Cuba? ¿Qué pasará cuando el comandante bolivariano deje de ocupar el primer plano de la política, será capaz Maduro de proponer cosas sin acudir a su antecesor o será Chávez quien siga decidiendo desde el más allá cómo gobernar el país? y lo que más me preocupa ¿seguirá la gente creyendo que eso es verdad?
En cuanto al papel de la oposición, Capriles ya se ha adelantado a exigir un nuevo recuento de cada una de las papeletas y a no reconocer la victoria de su contrincante. Sin duda, es la única baza que le falta por jugar ya que, dudo mucho, que la oposición le vuelva a dar su confianza para las próximas elecciones.
Las demás incertidumbres sobre el futuro de Venezuela ya las traté anteriormente en Un cara a cara entre Venezuela y el futuro. Ahora os dejo un artículo de Pablo Pardo del periódico El Mundo: Ruina Bolivariana que refleja el difícil equilibrio entre el país de y su preciado petróleo: 

Antes de que llegara al poder Hugo Chávez, Venezuela producía unos 3,3 millones de barriles de petróleo diarios y el precio del barril rondaba los 10 dólares. Ahora, bombea alrededor de 2,2 millones, pero el petróleo venezolano se vende a uinos 105 dólares el barril.
De modo y manera que Chávez no ha roto la relación entre ingresos por la exportación de petróleo y crecimiento de Venezuela. De esos 2,2 millones de barriles, unos 450.000 se van a China, en un sistema de trueque de petróleo por inversiones.
En torno a 100.000, a los países del Caribe, dentro del sistema conocido como PetroCaribe, que el realidad supone regalar crudo venezolano a 18 Estados de la región (los términos son muy favorables, pero Caracas suele ser incluso más generosa de lo firmado en los acuerdos).
Unos 70.000 barriles más podrían ir a Cuba, que a su vez puede que solo consuma la mitad de esa cantidad. Así, La Habana exporta el resto a precios de mercado. Socialismo selectivo, digamos.
Alrededor de 900.000 barriles se consumen dentro de Venezuela, donde el precio del litro de gasolina está a 0,015 euros, según el tipo de cambio oficial del bolívar, y a 0,0026 euros de acuerdo al tipo de cambio del mercado negro. Mantener esos precios tan bajos (prácticamente gratis) le cuesta al Estado venezolano alrededor de 8.000 millones de dólares anuales (unos 6.000 millones de euros).
Si se suman otros acuerdos de entrega de petróleo (por ejemplo, a Argentina), a Venezuela le quedan solo 900.000 barriles para exportar al mercado internacional, donde le pagan sus 105-106 dólares por barril.
Durante el mandato de Chávez, Venezuela ha pasado a ser el país con mayores reservas de petróleo del mundo, debido a la revolución en  la extracción del 'petróleo no convencional' en Estados Unidos y Canadá. . Para Lepoldo Martínez, del Centro para la Democracia y el Desarrollo de las Américas, la gestión del petróleo es "una verdadera pérdida de soberanía de Venezuela".
Martínez está en lo cierto. Encima, en torno a 900.000 barriles de petróleo venezolano se van al enemigo: Estados Unidos. Allí, son refinados y parte de ellos se reeexportan a... Venezuela. Otra parte, se consume en EEUU. El Estado venezolano es dueño de la petrolera estadounidense Citgo, que tiene 5 refinerías en ese país, y participa en el capital de otras 6. Es significativo que Venezuela, tras siete décadas, aún no sea capaz de refinar todo su petróleo, que es ácido, o sea, tiene mucho azufre, igual que el que EEUU extrae en su sección del Golfo de México.
Para explotar su crudo no convencional, que se encuentra en la cuenca del Orinoco, PDVSA, la petrolera estatal venezolana, necesitaría duplicar su actual inversión anual de 12.500 millones de dólares (unos 9.500 millones de euros). El problema es que Venezuela no tiene esos 9.500 millones. Su déficit público ronda el 12% del PIB, o sea, casi el doble que España, y el crecimiento de su PIB este año será del 1%, según Martínez.
Hay más problemas. La inflación real ronda el 30%. Pero la apreciación del bolívar por la entrada masiva de divisas (la enfermedad holandesa) debida a las exportaciones de petróleo ha pulverizado la competitividad venezolana.
El resultado es que el país tiene que importar todo. Ahí es donde se va un a parte de los ingresos del petróleo. La otra se va en programas de ayudas sociales que han conseguido formidables resultados en materia de mortalidad infantil y otros indicadores de salud y bienestar. Aún así, Venezuela tiene problemas de desabastecimiento crecientes.
Todo esto se resume en una frase: el experimento económico bolivariano ha llegado a su final de trayecto. Gane quien gane las elecciones, a Venezuela le espera un futuro muy duro. Las conquistas sociales de Hugo Chávez están asentadas sobre un modelo económico que no da más de sí.


jueves, 4 de abril de 2013

¿Atacará Corea del Norte a Corea del Sur?

Desde este momento, las relaciones Norte-Sur han entrado en estado guerra y todas las cuestiones que surjan entre el Norte y el Sur serán abordadas en consecuencia”. Con esta noticia nos despertabamos el pasado viernes. Todas las miradas se dirigian a la península de Corea ante un inminente estallido de guerra. Y hoy, prácticamente una semana después, todavia no ha pasado nada, de hecho, vuelvo a reiterar que dudo mucho que estalle una guerra, lo que sería un auténtico suicidio para Corea del Norte
Esta amenaza, realizada en respuesta a las maniobras conjuntas que están llevando a cabo Estados Unidos y Corea del Sur en la región y a las sanciones impuestas por la ONU por la prueba atómica del 12 de febrero, no cambia mucho las cosas ya que hay que recordar que, tecnicamente, la guerra entre las dos Coreas no ha terminado pues concluyó con un alto el fuego, sin la firma de un tratado de paz. A esto hay que añadir los históricos "tira y afloja" de Corea del Norte según sus propios intereses. Prácticamente desde 1994 ha aceptado senstarse a negociar y a parar la produccion de plutonio en varias ocasiones a cambio de ayudas económicas y alimenticias, al  tiempo que rectificaba, realizaba pruebas nucleares y expulsaba a los inspectores internacionales de la Organización para la Energia Atómica. Ahora, todo parece indicar que Corea del Norte quiere presionar a Estados Unidos para, nuevamente, volver a la mesa de negociaciones con el objetivo de obtener ayudas y, al mismo tiempo, fomentar el liderazgo del joven mandatario Kim Jong-un entre los ciudadanos y comprobar de que pasta está hecha la presidenta surcoreana, Park Geung-hye 
Para entender mejor las claves de la amenaza norcoreana, os copio un artículo de David Jimenez del periódico El Mundo: El apocalipsis nuclear y otros mitos norcoreanos

El hermetismo del régimen norcoreano ha dado rienda suelta a todo tipo de fantasías sobre el país y sus líderes, a menudo alimentadas por ellos mismos. Más allá de la propaganda y la desinformación, he aquí algunas de las falsedades más repetidas y varias verdades que a menudo pasan desapercibidas a la hora de hablar de Corea del Norte.

Falsedades

-El apocalipsis nuclear:
El gobierno norcoreano amenaza casi a diario con lanzar un ataque nuclear sobre EEUU. ¿El problema? Carece de la tecnología para llevarlo a cabo. El más potente de sus misiles, el Taepodong-2, tiene un alcance máximo de 6.000 kilómetros, suficiente para llegar a duras penas a Alaska. Los ingenieros comunistas tampoco han logrado incorporar cabezas nucleares a sus cohetes. Utilizar bombas atómicas contra Corea del Sur sería dispararse en el pie: menos de 200 kilómetros separan Pyongyang de Seúl.
-Sus líderes están locos:
La imagen de un líder irracional con el dedo en el botón nuclear resume muchos de los análisis sobre los dirigentes norcoreanos. Pero las decisiones del fallecido Kim Jong-il o ahora de su hijo Kim Jong- un siempre han seguido una estrategia que les ha reportado beneficios, ayuda exterior y una posición de fuerza a la hora de negociar. Manejan a la perfección el arte de la tensión en la península coreana, aumentándola y reduciéndola en función de los intereses del momento.
-El soldado español de Pyongyang:
No hay crisis en la península norcoreana que no devuelva a la actualidad a Alejandro Cao de Benós, el español que supuestamente representa al gobierno norcoreano en el exterior. La realidad es que el farsante de Pyongyang no tiene acceso al liderazgo norcoreano y ostenta un cargo meramente simbólico que utiliza para hacer negocios que incluyen la organización de viajes y la venta online de productos norcoreanos. Su conocimiento sobre los entresijos de poder en Pyongyang se resume en una anécdota: cuando este periódico publicó en 2010 que Kim Jong-un sucedería a su padre, Cao de Benós envió una carta a todos los medios desmintiendo no solo la sucesión, sino que el hijo de Kim Jong-il existiera.
-El bastión comunista:
Corea del Norte tiene una legión de fans en Occidente, la mayoría convencidos de que el país es el último rincón donde se aplica un comunismo puro. La realidad es que el país está controlado por una elite que vive rodeada de los mismos lujos que prohíbe a sus ciudadanos. La ideología marxista es secundaria en un sistema que combina dinastía hereditaria, ultranacionalismo y tintes fascistas que incluyen conceptos como la pureza y superioridad de la raza coreana.

Verdades

-La guerra:
Que no exista peligro de enfrentamiento nuclear no quiere decir que Pyongyang no tenga la capacidad de crear un conflicto de consecuencias imprevisibles. Sus misiles pueden golpear Tokio y Seúl en minutos, forzando una intervención de EEUU. China, el gran aliado norcoreano, se vería obligada a defender a Pyongyang, como ya hizo en la Guerra de Corea (1950-1953). El conflicto comenzó con la invasión de Corea del Sur por tropas norcoreanas y terminó con un empate: las fronteras quedaron como estaban. Pyongyang no ha renunciado a unificar la península por la fuerza, pero es improbable que lo intente.
-El país más hermético:
Aunque en los últimos años se han producido ligeros cambios, Corea del Norte sigue siendo el país más hermético del mundo. La tímida apertura económica, la llegada de teléfonos móviles o el aumento de la oferta de entretenimiento en la capital no han cambiado la naturaleza totalitaria del régimen. Sus ciudadanos no pueden salir del país libremente y todos los aspectos de su vida están controlados: dónde viven, en qué trabajan e incluso qué corte de pelo llevan. La más mínima desviación se paga con la cárcel.
-Los gulags:
Los testimonios de ex presos, desertores y antiguos funcionarios de prisiones confirman que Corea del Norte mantiene una red de gulags, donde podrían estar encerradas hasta 200.000 personas. Pyongyang aplica un concepto de represión conocido como 'responsabilidad compartida': se encarcela no solo a la persona acusada de disentir, sino a sus familiares y amigos. La mayor prisión política del país, conocida como Campamento 22, tiene cerca de 50.000 internos. La abrumadora evidencia de su existencia ha llevado a Naciones Unidas a iniciar una investigación.
-Hambruna:
Corea del Norte ha logrado desarrollar armas nucleares, pero tiene dificultades para alimentar a su población. Lo peor de la hambruna que en los años 90 mató a cientos de miles de personas ha pasado, pero se siguen produciendo crisis alimentarias en zonas concretas del país. La mayoría de los recursos nacionales son desviados a las fuerzas armadas dentro de la política conocida como 'el Ejército primero'.